De leyes, rumores y redes sociales

La aprehensión de dos usuarios de Twitter en Veracruz por esparcir rumores han creado varias avalanchas en México. Por un lado, otros gobiernos locales han visto en la medida una forma para controlar la información que fluye en Internet; mientras que, del otro lado, ciudadanos y medios internacionales cuestionan la aplicación de estas leyes. Así que, en esta edición del Vivir México Opina, Ismael Flores, Pepe Flores y Hugo Torres damos nuestro punto de vista sobre la situación, con la esperanza de no terminar refundidos en prisión por contribuir con la alarma social el debate:

Ismael Flores: La psicosis social, el verdadero “daño colateral” de la situación del país

Las redes sociales comienzan a volverse una herramienta fundamental en la vida política de muchos ciudadanos. Gracias a blogs, notas y grupos de Facebook o información propagada en Twitter, muchos usuarios han comenzado a elaborar decisiones electorales o posturas cívicas y éticas más complejas, incluso respecto a temas y problemáticas con las que antes no tenían contacto. Sin embargo, esemuchos se trasforma en un pocos cuando consideramos el volumen poblacional que tiene acceso a estas tecnologías. La incidencia que hasta ahora ha tenido el cyberactivismo le debe aún bastante a los medios tradicionales que, buscando siempre dar el “golpe informativo”, han comenzado a rastrear los movimientos al interior de las redes sociales como una de sus fuentes informativas.

Las campañas en torno al documental Presunto Culpable o el caso de Mariel Solísalcanzaron el éxito cuando del monitor saltaron a la pantalla chica y los medios impresos. En el caso específico de la “psicosis social” desatada en Veracruz se ha obviado que la información contenida en los tweets de estos dos usuarios fue también difundida (in)oportunamente por los medios de comunicación tradicionales. Por sí solos, ni Twitter ni Facebook habrían logrado desatar el fenómeno social que se experimento en la parte sur del puerto de Veracruz. Ahora, motivos para entrar en pánico tampoco nos hacen falta. Mucho menos en Veracruz, donde la presencia de los Zetas y otras células delictivas es patente.

La “psicosis social” que se desató en el puerto me parece un verdadero “daño colateral” de la situación que enfrenta el país y el estado. Y ante la cual el gobierno de Javier Duarte se ha mostrado sumamente pasivo e incapaz. Hoy es la fecha en que aún no se tiene un avance sólido sobre los asesinatos a periodistas o los elevados“cobros de piso” a empresarios de la entidad.

Más que un intento por coartar la libertad de expresión, veo en la acusación de “terrorismo” una necesidad por legitimarse ante el grueso de la ciudadanía, por darle una respuesta al descontento que los padres deben sentir tras el susto provocado por la falsa alarma. Una mera promesa de “esto no volverá a pasar” y un guiño que les diga “miren, estamos trabajando”, tal y como les gusta presumir en sus comerciales. Que con estas acusaciones se vulnera la libertad de expresión, sí. Que el término “terrorismo” está usado muy a la ligera, también. Pero, más que un compló, a mi juicio son sólo estas ansias por legitimidad que, en principio, nos metieron a este problema. Y que, lejos de cumplir sus cometido, sólo ayudan a acrecentar la falta de representatividad que experimentamos frente a nuestro gobiernos.

Pepe Flores: Penalizar a las redes sociales inhibe la participación ciudadana.

Penalizar el uso de redes sociales para difundir información, so pretexto de los rumores y la alarma social, es el último mecanismo de control que le queda a los gobiernos. La situación de violencia les ha rebasado en todos sentidos. La pantalla del “todo está bien” y “aquí no pasa nada” se ha caído, y los gobernantes no saben qué hacer ante una crisis de esta magnitud. Si no puedes con ellos, reprímelos.

El caso de Veracruz es muy ilustrativo, pues los usuarios de Twitter han sido condenados como chivos expiatorios. La incertidumbre no se causó por unostweets: en primer lugar, fue consecuencia de un clima de inseguridad imperante en la ciudad, de un estado de alarma que, a la menor provocación, puede encender la mecha. Nadie se creería que hay un atentado en una escuela si, en efecto, no hubiera pasado en otros sitios antes o existieran indicios de dicha posibilidad.

Los rumores no fueron esparcidos con dolo. Son el producto natural de un sistema de información colaborativo, donde los medios han fallado en corroborar los datos y ayudaron a propagar la alarma. El senador Francisco Javier Castellón apuntó muy bien que Twitter es la respuesta de la población ante la incapacidad gubernamental para ofrecer información fidedigna. Pero mientras a los hombres de poder les interese la imagen y los votos del siguiente periodo, no llegará este cambio. La medida de Duarte es para dar la ilusión que aún retienen el control de la justicia; cuando en la práctica, los verdaderos culpables del clima de tensión siguen en libertad.

Entiendo la rabia de quienes condenan la propagación de rumores. Aplaudo que se busque que la gente tome la responsabilidad de la información que difunde; pero de ahí a meterlos a prisión, hay un largo trecho. Estas leyes no apagan el fuego; lo avivan. Son medidas que, en el fondo, dan un respiro al gobierno porque inhiben la participación ciudadana mediante leyes coercitivas. Son para que un ciudadano piense dos veces antes de difundir información, bajo el temor del castigo. Pero en ese afán por regular, pasan a trasquilar a la denuncia, la crítica y la disensión. Las redes sociales, como contrapeso informativo, son indispensables, aunque los gobiernos frunzan el ceño porque demuestran su ineptitud para garantizar la seguridad.

Hugo Torres: Difundir información falsa no es terrorismo, pero tampoco algo que aplaudir.

Yo considero que la ley, viendolo de manera utópica, es buena. Delitos como la pornografía infantil, fraudes y terrorismo se deben atacar sea en el Mundo Real o en Internet. El problema con esta ley es la doble intensión que tiene y lo altamente expuesta que está a una mala aplicación.

Ser terrorista no es lo mismo que estar de chismoso, como en el caso de los usuarios de Twitter. Estoy de acuerdo que por difundir información falsa debe ser castigado de alguna manera. Hoy en día, con todo lo que vivimos en muchas ciudades, no estamos como para darnos el lujo de difundir información como falsas balaceras o eventos catastróficos en el otro lado de la ciudad. Pero una cosa es pagar alguna multa por provocar falsas movilizaciones (que también causan gastos), y otra es que andar de argüendero sea tipificado como terrorismo.

Personalmente, he sido victima de este tipo de situaciones. He tenido varias veces a mi abuelo enfermo a causa de la preocupación por los chismes de balaceras inventadas o futuros enfrentamientos en Michoacán. Los daños son muy costosos: madres angustiadas por sus hijos, familias huyendo a otros estados, abuelos con problemas cardíacos enfermos, personas con crisis nerviosas, negocios, bancos y centrales camioneras cerrados. En general, puede paralizar regiones enteras.

Estar difundiendo este tipo de información no es terrorismo, pero tampoco es algo que debamos aplaudir. Creo que lo mas sensato es que quedara en una multa siempre y cuando se compruebe que las personas que difundan los chismes lo hagan con dolo. Y no, esto no sería censura ni coartar la libertad de expresión; así como tampoco lo es que saquen del aire a un conductor que invita a atropellar a los ciclistas.

Fuente: http://vivirmexico.com/2011/09/vivir-mexico-opina-de-leyes-rumores-y-redes-sociales

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