Trata de Final Fantasy XIII

 

Cita

Final Fantasy XIII

Yo personalmente no lo he jugado paro hay grandes expectativas basadas en sus versiones anteriores por algo es el juego numero 1 en japon.

Comentario: Marcial

Ya está aquí uno de los juegos más esperados de la presente generación. La décimotercera entrega de Final Fantasy llega tras más de cinco años de desarrollo para alzarse con el trono de mejor RPG next-gen, algo que consigue sin inmutarse… pero no con la contundencia que muchos esperábamos.

Ante todo Final Fantasy XIII es trama, un complejo argumento que coquetea con los más primarios sentimientos del ser humano emplazándolos en un futuro a medio camino entre lo tecnológico y lo fantástico.

Para abordarlo recurre a seis personajes cuyo carisma quedan fuera de toda duda a las pocas horas de juego. Lightning, Snow, Vanille, Hope, Sazh y Fang, cada uno con sus propias motivaciones, secretos y luchas internas de las que seremos partícipes a lo largo de una aventura narrada mediante secuencias temporales que vamos anexionando cual piezas de puzzle. Un puzzle que en su completud se antoja apabullante y emotivo a partes iguales.

Es sorprendente pues como Motomu Toriyama ha conseguido articular en su guión toda una sociedad repleta de matices políticos y morales que definen la premisa argumental del juego, cuyo eje es Cocoon (el Nido) un mundo regido por el gobierno del Sanctum y contrapuesto a Paals (el inframundo) entre los cuales se han librado terribles batallas culminadas en una pacífica actualidad propiciada por los fal’Cie, protectores de ambos mundos, suministradores de vida.

No obstante, la felicidad de los habitantes del Nido se ve perturbada a menudo por la presencia de los fal’Cie de Paals, que marcan a los humanos convirtiéndolos en lu’Cie, elegidos para completar una misión que de cumplirse los hará vivir por siempre y de fracasar los convertirá en eternos despojos errantes.

Dichas marcas propician el dilema ético de La Purga, proceso de exterminio humano (se somete a éste todo aquel sospechoso de haber estado en contacto con un fal’Cie de Paals) camuflado como mero traslado mediante el cual el gobierno del Nido se asegura la tranquilidad social, que vive aterrada por la influencia que los lu’Cie puedan ejercer sobre su mundo.

Así, convertidos en lu’Cie de Paals por un cruce predestinado de caminos, nuestros protagonistas intentarán descubrir cuál es su misión para posteriormente discernir si llevarla a cabo o no. ¿Su salvación implicaría la destrucción del Nido o más bien su perpetuación una vez derrocado el despiadado gobierno del Sanctum?

Como vemos, la gran baza de FFXIII es su argumento y hacia éste se orienta su jugabilidad, lo que para muchos (especialmente los más longevos seguidores del género) pueda suponer un problema, pues en base a dicha trama se hacen una de serie de sacrificios que no padecerán en absoluto aquellos que jueguen con ésta como principal motivación.

Director y productores han hecho no pocas declaraciones (defensas, de hecho) refiriéndose así a la linealidad de un título que según éstos era totalmente necesaria para contar la historia y que sólo nos abandona en uno de los últimos capítulos del juego, el undécimo de trece, que podremos recorrer con total libertad en búsqueda de misiones secundarias. Misiones que, no obstante, son totalmente opcionales y para nada la tónica de unas 40 a 50 horas de juego en las que nos limitaremos simplemente a avanzar del punto A al B (con algún tímido recoveco a explorar de por medio) y unas cuantas gestiones en los múltiples puntos de guardado, que nos darán acceso a varias tiendas (armamento, pociones…) y un taller para mejorar la eficacia de nuestro equipamiento.

Esa linealidad, la falta de escenarios abiertos repletos de personajes y tiendas con los que interactuar, la perdonarán más fácilmente, como decimos, quienes se dejen llevar por el argumento, que procurarán avanzar lo más rápidamente posible a la caza de cada nueva secuencia CGI (tan espectaculares como abudantes). El resto de jugadores también harán lo propio pero guiados por un sistema de combate exquisito que, sin perder la esencia por turnos del buen JRPG, añade elementos más propios del combate en tiempo real gracias a un barra temporal (divida en varias celdas de número creciente a ocupar por comandos) que va completándose constantemente durante los combates. Controlar dicho proceso decidiendo exactamente cuándo atacar o defender será nuestra principal premisa y garante de éxito.

Otro de los aciertos del sistema de combate lo suponen las formaciones. Nosotros sólo controlaremos a un personaje de un máximo de tres combatiendo al mismo tiempo, pero sí que podremos ir alterando el tipo de formación del grupo para optar por estrategias de batalla agresivas o defensivas según lo vaya requiriendo el combate, algo que en algunos de éstos tendréis que hacer casi de forma constante.

Estas formaciones se basan en el rol en que se haya especializado cada personaje, algo que no podremos ir definiendo hasta bien entrada la aventura mediante un menú esquemático (el Crystalarium) que nos permite incrementar las habilidades de cada protagonista gracias a los Puntos Cristal que ganemos en las batallas. De este modo, no contamos tampoco con la típica subida de niveles de otros RPG, aquí lo que evolucionan son los susodichos roles (Fulminador, Castigador, Protector, Sanador, Inspirador y Obstructor) de los que sólo podremos desarrollar tres en las primeras horas de juego.

La última clave de estos enfrentamientos, que ocuparán prácticamente el 50 por ciento de nuestra partida global, la supone la barra de cadena que va llenándose a medida que encadenamos ataques sobre nuestro enemigo. Una vez llena éste entra en un estado de aturdimiento que aprovecharemos (cambiando a la formación más agresiva posible) para atacarle sin piedad pues nuestros golpes le causarán el doble de daño, siendo ésta la clave para salir victoriosos en no pocas ocasiones.

El Time Active Battle, las formaciones y la barra de cadena consiguen articular así un sistema de combate dinámico, muy entretenido, que pareciese simple aporreo de botones de inicio pero que pronto nos presenta toda su complejidad estratégica.

Sistema que destaca muy especialmente por su espectacularidad, acorde al resto de un apartado gráfico donde las animaciones de los personajes, especialmente sus expresiones faciales se llevan la palma junto a los escenarios, dentro de los cuales, todo hay que decirlo, encontramos algunas secciones algo inferiores al resto, caracterizadas por su monotonía o menor dedicación.

Aún con todo, podemos decir que si bien FFXIII es el RPG con el apartado visual más impresionante de esta generación, no resulta el gran vencedor gráfico de la misma que muchos esperaban, pues sí que hemos visto juegos aún más poderosos en este sentido. En cualquier caso Square puede estar muy satisfecha con el rendimiento de su motor propietario: The Crystal Tools.

Quizás la mejor manera de comprobar el poderío gráfico del juego sea constatando la a veces casi inapreciable diferencia entre las secuencias cinemáticas y el propio juego, que nos demuestra como no habrá que esperar mucho para que dichas CGI definan la calidad ingame estándar de todo juego. Otro pico gráfico lo suponen las invocaciones, que vuelven a estar presentes con un novedoso modo de sincronización en el que nuestro personaje y su “eidolón” sean todo uno, manejandro dicha sincronía como si de un beat’em up se tratase.

Y ya que hablamos del apartado técnico no podemos dejar pasar la ocasión de dar respuesta a la pregunta que muchos os estaréis haciendo: ¿qué versión del juego es superior? Pues finalmente, tal y como sugerían las últimas capturas ofrecidas por Square (sí, las no manipuladas) la versión base (Playstation 3) resulta claramente superior sobre la de 360, que presenta dientes de sierra, texturas menos definidas y vídeos a menor resolución. Para ser justos tampoco son defectos que resulten demasiado evidentes comparando ambas versiones del juego al mismo tiempo. La versión de 360, por su parte, cuenta con menores tiempos de carga.

Hay un apartado, eso sí, que mantiene su calidad a lo largo de las distintas entregas de esta prolífica franquicia: el sonoro. Masashi Hamauzu es el responsable de una banda sonora compuesta por 85 temas, la mayoría de los cuales fueron grabados con la Orquesta Filarmónica de Varsovia. Con eso está todo dicho.

El doblaje es de muy alto nivel, aunque se echa en falta el poder acceder a las voces originales. En lo personal el personaje de Vanille, con su hiperactividad y sus gritos más que ocasionales no terminó de convencerme del todo, siendo quizás el más forzado del conjunto en las primeras horas de juego. Además muchos diálogos chirrían, no en su ejecución pero sí en su forma ya que, si bien los personajes reflejan sus emociones de una manera magistral, muchas veces las líneas de diálogo (o tal vez la traducción que se les ha dado) nos ofrecen una interpretación ligeramente distinta a lo que supuestamente la cara del personaje nos está queriendo transmitir. Así, por poner sólo un ejemplo, un Hope de rostro furibundo se acompaña de un diálogo que no sabe escoger bien las palabras que den idea exacta de la intensidad de dicho sentimiento.

Enlazando con esto, el argumento peca también de varias secciones y giros de guión bastante innecesarios en lo que es el conjunto de la trama, secciones que abundan especialmente al comienzo de la aventura (como varias separaciones bastante absurdas de los protagonistas) que no obstante podrían justificarse como parte de la genial curva de aprendizaje del juego.

Una persona que nunca haya jugado a un juego de rol se sentirá en todo momento cubierta por un sistema de ayudas en pantalla que nos va introduciendo poco a poco (según vaya siendo necesario) en las distintas mecánicas del título que, como hemos visto, no son precisamente pocas. Casi sin darnos cuenta estaremos configurando formaciones, mejorando armamento o capturando a nuestros eidolones en los que son los combates más complejos del juego. Un diez para un sistema que hace totalmente innecesario abrir el manual de instrucciones.

Final Fantasy XIII es el mejor RPG aparecido hasta la fecha para esta generación, pero no es perfecto, sacrifica muchos detalles para priorizar un argumento excelente y no todos los jugadores sabrán aceptarlo: los más puristas padecerán la excesiva linealidad del juego, que sólo en un capítulo parece coquetear con la fórmula clásica del JRPG para basar su devenir en un constante “avanzar hacia adelante”.

Su sistema de combate, por su parte, evoluciona tímidamente hacia la acción en tiempo real de forma impecable, consiguiendo que nunca nos cansemos de pelear, lo que es condición indispensable para que dicha linealidad no baje muchos enteros a la valoración final.

8,5/10

Gráficamente es excelente pero no sublime, lo que matará las expectativas de muchos usuarios y quizás algunas horas de juego se antojen innecesarias, de relleno. Pequeños aspectos pues que bajan unos peldaños al juego de lo más alto del podio en que el hype parecía haberlo subido. No cabe duda pues que quienes verdaderamente disfrutarán de Final Fantasy XIII serán aquellos a los que la profundidad de su historia (digna de ser contada) atrape sin remisión.

Fuente: http://ecetia.com/2010/03/hipertextual-labs-final-fantasy-xiii

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Acerca de marcialmartinez

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